Tirado en el cuarto piso de la escalera, me planteo miles de cuestiones que no logro
entender. Fausto parece estar acostumbrado a que le desprecien de este modo, pero a mi
me perturba la idea de que me esté ocurriendo lo mismo. Este suelo está muy duro y frio
pero estoy demasido cansado para pararme a pensar en ello. No logro de quitarme de la
cabeza la idea de que esté aquí tirado como un perro callejero. De vez en cuando me
sobresalto despertado por Jose que me llama porque el ascensor parece estar subiendo.
Pero no es así, nunca se abre la puerta del tercero. De nuevo me recuesto sobre el sueter,
que evita el contacto de mi cara con el duro suelo y hace más llevadera esta noche.
Ya son las nueve y con los huesos destrozados decidimos salir de aquí para despejarnos.
En el portal nos encontramos con una señora mayor que nos da los buenos dias. Hace
bastante frio esta mañana aquí en Albacete, deambulando de aquí para allá me siento
realmente como una porqueria.