Tu cara de trapo, se asemeja a un cogin fresco y suave.
Tus orejas cuelgan como dos lechugas grandes
Tu pelo corto y dorado, acaricia mis piernas cuando pasas.
Tu nariz, es tan fria, cual un carambano en invierno.
Y tu cola, se asemeja a un peqeño motorcito.
No se porque no eres rencoroso.
Aunque tal vez un poco cabezota.
No has aprendido a odiar, sera por eso que tampoco ladras mucho.
Y cuando me miras, resoplas tranquilo al verme.
Tu morro negro cotillea las bolsas de la compra,
mientras una voz te llama la atencion.
pero tu no te inmutas, solo resoplas y te alejas.
Nunca pense que llegaria a quererte tanto,
Aunque tampoco que tu me quisieras.
Asi que tu siempre seras el jueguete preferido en esta casa.
Desde que te vi ahí sentada en el suelo, con las piernas estiradas y tu cabeza reclinada hacia abajo, no he dejado de pensar en ti un solo momento. Desde que observe maravillado, la luz que tus ojos desprendían, silbé de alegría como el viento entre las ramas, supe que no te importaba estar ahí parada, mirando al infinito, mirada limpia y serena, mientras yo te observaba. Desde que tu piel suave, me rozó aquella vez al pasar por mi lado, y como una leve golondrina que acaricia el agua en pleno vuelo para tomar con su pico unas delicadas gotas de agua, sentí tu frescura por todo mi cuerpo. Desde aquella vez en la cual cruzamos nuestras miradas y el mundo se paro por un instante infinito, y tus ojos dirigieron su mirada pusilánime hacia el inerte suelo. Desde entonces. Así te quiero yo.
Que sonrisa la tuya cuando soñé contigo ayer, tus manos me acariciaban dulcemente, y tus labios calientes, me besaban en la cara. Mis brazos rodeaban tu cintura, y una sensacion de infinita felicidad me inundaba. Todo era perfecto, tu y yo, tumbados soñando en un sueño fantastico.
Esa mirada es la que me alimenta el alma. Esos pequeños ojillos los que, avergonzados, Se desvían una y otra vez desde mi cara hasta el suelo. Esa suave boca sonrosada , me llena de delicadas notas los oidos Y me inunda la mente con millones de matices preciosos. Ese impulso de vida que transmites, se cuela por mis venas Y me acelera el corazón. Porque toda tu eres preciosa Porque toda tu eres mi vida.
Siguiendo el camino del sol durante el día, decubri la inmensidad del cielo con los gorrioncillos veloces paseando de aqui para alla, revoloteando entre las migajas de pan duro de aquel parque solitario. Aquella sirueta sentada en el banco, me hizo desviar la mirada de aquel gran esplendor de vida para observar, aún más maravillado si cabe, tu cara y tus ojos, espontáneos como el vuelo silencioso de aquel pajarillo achaparrado. Que maravilla de espectáculo
Sin tu parecer, aún sin él, me como la cabeza todo el tiempo. Ideas que van y vienen vagando por mi mente sin un rumbo fijo en el cual detenerse y aclararme alguna cosa. Siempre me pasa lo mismo. Es como una especie de pajarillo que tímidamente acaricia el agua de la charca en pleno vuelo con el pico para recoger esas preciadas gotitas de agua que lo llenan de vida, mas yo parece como si me estuviese hundiendo en ella, sin poder respirar más que un mínimo instante para alargar aún más si cabe mi sufrimiento. No se lo que pasa realmente ahí fuera, y todo esto es muy difícil para mí. Se que pensarán que estoy loco o que me comporto de forma extraña. Se que no puedo pedir ayuda para que me saquen de esta charca. Esto es lo único que puedo hacer: sentir, observar y vivir con mis recuerdos.
Desde que te vi ahí sentada en el suelo, con las piernas estiradas y tu cabeza reclinada hacia abajo, no he dejado de pensar en ti un solo momento. Desde que observe maravillado, la luz que tus ojos desprendían, silbé de alegría como el viento entre las ramas, supe que no te importaba estar ahí parada, mirando al infinito, mirada limpia y serena, mientras yo te observaba. Desde que tu piel suave, me rozó aquella vez al pasar por mi lado, y como una leve golondrina que acaricia el agua en pleno vuelo para tomar con su pico unas delicadas gotas de agua, sentí tu frescura por todo mi cuerpo. Desde aquella vez en la cual cruzamos nuestras miradas y el mundo se paro por un instante infinito, y tus ojos dirigieron su mirada pusilánime hacia el inerte suelo. Desde entonces. Así te quiero yo.
Que sonrisa la tuya cuando soñé contigo ayer, tus manos me acariciaban dulcemente, y tus labios calientes, me besaban en la cara. Mis brazos rodeaban tu cintura, y una sensacion de infinita felicidad me inundaba. Todo era perfecto, tu y yo, tumbados soñando en un sueño fantastico.
Esa mirada es la que me alimenta el alma. Esos pequeños ojillos los que, avergonzados, Se desvían una y otra vez desde mi cara hasta el suelo. Esa suave boca sonrosada , me llena de delicadas notas los oidos Y me inunda la mente con millones de matices preciosos. Ese impulso de vida que transmites, se cuela por mis venas Y me acelera el corazón. Porque toda tu eres preciosa Porque toda tu eres mi vida.
Siguiendo el camino del sol durante el día, decubri la inmensidad del cielo con los gorrioncillos veloces paseando de aqui para alla, revoloteando entre las migajas de pan duro de aquel parque solitario. Aquella sirueta sentada en el banco, me hizo desviar la mirada de aquel gran esplendor de vida para observar, aún más maravillado si cabe, tu cara y tus ojos, espontáneos como el vuelo silencioso de aquel pajarillo achaparrado. Que maravilla de espectáculo
Sin tu parecer, aún sin él, me como la cabeza todo el tiempo. Ideas que van y vienen vagando por mi mente sin un rumbo fijo en el cual detenerse y aclararme alguna cosa. Siempre me pasa lo mismo. Es como una especie de pajarillo que tímidamente acaricia el agua de la charca en pleno vuelo con el pico para recoger esas preciadas gotitas de agua que lo llenan de vida, mas yo parece como si me estuviese hundiendo en ella, sin poder respirar más que un mínimo instante para alargar aún más si cabe mi sufrimiento. No se lo que pasa realmente ahí fuera, y todo esto es muy difícil para mí. Se que pensarán que estoy loco o que me comporto de forma extraña. Se que no puedo pedir ayuda para que me saquen de esta charca. Esto es lo único que puedo hacer: sentir, observar y vivir con mis recuerdos.